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Pabro y Pebro


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cap. 4 - Un cambio de rumbo


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  Nada volvería a ser lo mismo...

autor: Pabro 
fecha: 09/05/2005 
valoración: 5.5   lecturas: 4607
escuchar:                                                   pon voz a este capítulo
 Towanda y Relatame relatos podcast y literatura - 24/10/2005
  Contacto: - http://www.relatame.com
  comentario del autor: El tema de fondo es 'Scotch Tune by Mr. Solomon Eckles (Eccles)' por 'Da Camera', el cual está disponible en magnatune.com
Un hilillo de sangre tenía Pabro en la comisura de su boca. Aquello había llegado demasiado lejos. La locura de Pebro, otrora intrigante y sensual, se había trastocado en un festival de violencia, estupidez y malos modales.

Pabro comenzó a quitarse el cinturón ante la incredulidad de Pebro.

- Pe... pero qué reputas haces? Balbuceó Pebro.

- Es hora de que recibas lo que te mereces. No entiendes más lenguaje que los palos, y eso es lo que te voy a dar Pebro. Inquirió Pabro con voz autoritaria.

Acto seguido un sinfín de golpes cayeron sobre el rostro y el cuerpo de Pebro. Pabro empleó toda la rabia y sufrimiento acumulados tiempo ha para ensañarse con Pebro hasta que cayó prácticamente inconsciente a sus pies.

- Pabro... yo... yo te quiero. Fueron las últimas palabras de Pebro antes de cerrar los ojos.

Pabro, sumido en el éxtasis de la sangre y la brutalidad, se preparó para asestar el golpe de gracia a su amado compañero, pero...

En aquel momento, algo tiró la vieja puerta de madera de la sucia cabaña donde Pebro y Pabro habían establecido su nido de amor. Una sombra atravesó el umbral y Pabro no pudo más que mirar patidifuso lo que estaba a punto de ocurrir.

Y ocurrió que el cochino que Pebro y Pabro encontraron muchos años antes estaba ahí de pié, mirando de forma amenazadora a Pabro.

Fué entonces cuando sucedió algo que Pabro recordaría el resto de su vida: el cochino habló.

- Pabro. Mucho ha acaecido en los últimos años, pero hasta hoy no me he visto en la necesidad de hablar. Debes saber que Pebro es mi retoño. Él es el último de una larga estirpe de licántropos hombres-cerdo, que desde tiempos inmemoriables han sido señores de lejanas tierras.

La cara de consternación de Pabro era todo un poema...

- Tuve que huir de mi país natal debido a una revuelta, y no podía arriesgarme a perder a mi único hijo, a la única esperanza de mi pobre raza. El tiempo y el destino nos han traído a ti, y debo darte las gracias por todo lo que has hecho por nosotros. Debes de saber, que los hombres-cerdo nacen con forma de cerdo, y que a los tres años cambian a su forma humana. Esta forma, no es posible cambiarla hasta que cumplen los 24 años, momento a partir del cual, el mismo día de cada año (el día de su nacimiento) pueden elegir si pasan los siguientes 365 días con forma de cerdo o de hombre.

- Qué putas me estás contando!! Gritó Pabro mientras lanzaba el cinturón con rabia al amenazador cochino que estaba en la puerta.

Pabro sabía muy bien que el cumpleaños de Pebro estaba a la vuelta de la esquina. En ese momento, muchas cosas que habían sucedido hasta la fecha comenzaron a adquirir sentido: la afición de Pebro por retozar en el barro, su gusto por comer en la porqueriza, sus extraños gruñidos por las noches,...

Pebro abrió léntamente los ojos. Lo había oído todo... ahora por fin sabía quién era, dónde iba y de dónde venía...

Y esto era sólo el principio...

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