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cap. 7 - Soluciones Alternativas


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  Dada la situación, los proveedores de nuestras necesidades ya no se acercaban por la plaza.

autor: Daniel 
fecha: 22/05/2005 
valoración: 5.5   lecturas: 4611
escuchar:                                                   pon voz a este capítulo
 relatame relatos podcast y literatura - 27/05/2005
  Contacto: - http://www.relatame.com
  comentario del autor: no hay comentario del autor
Lógicamente a partir de entonces los camellos ya no se atrevían a acercarse a nuestra plaza. La situación se empezaba a complicar. Pero, claro está, nuestra interdependencia era total. Era una amor eterno que no podía terminar.

Ellas llegaran cuando empezábamos a pelearnos por media pastilla de 'traquis'. La cosa estaba bastante chunga y al principio pensamos que eran más competidores por los restos de carroña que quedaba. Pero, no, no venían a eso. Ellas venían en nuestro auxilio, 'camellitas de nuestra salvación'.

Su estrategia era sencilla: teniendo en cuenta que la caballería estaba principalmente compuesta por hombres y que estos no se atrevían a cachearlas, ellas portaban su preciado elixir dentro del sujetador arropado por sus tibios pechos. Sus operaciones de incursión eran rápidas (aunque creo que no discretas). En apenas veinte segundos eran capaces de repartir equitativamente las provisiones para el asedio. Tus euritos, mano al pecho, tu dósis,..., tus euritos,....

También lo intento algún camellito pero pronto se dieron cuenta que algo no funcionaba. Sobre todo cuando aparecía un policía y les pillaba con la mano metida dentro del paquete y sin poder sacarla porque se habían enganchado. Realmente para un hombre era bastante más complicado. Tus euritos, mano al paquete, mano al paquete, no lo encuentro, sácalo todo,... a tomar po'l culo, te han pillado.

Así que, después de mucho meditarlo, cambiaron el método. ¿y cuál fue su solución? Pues más sencilla, aunque no tan original: contrataron droga-taxis. Cada conductor podía llevar a cuatro 'clientes' y si eras listo y tenías una furgoneta, pues bastantes más. Ahora solo te los tenías que llevar caminito del abrevadero cobrar la carrera. Y si eras yonki como yo, dósis de regalo.

Al poco todo volvió a la calma y parecía que nunca hubiera pasado nada, salvo por la presencia de las grúas y la caballería. Pero de momento no nos preocupaban. La vida seguía.

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